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Foto: Prensa Belgrano
La reciente derrota de Belgrano por 3 a 1 ante Huracán dejó al descubierto algunos problemas ofensivos y defensivos.
Uno de los déficits más notorios estuvo en las pérdidas de pelota, superiores a las habituales. Muchas de ellas fueron forzadas por la presión intensa del Globo sobre el eventual poseedor, con el objetivo de recuperar rápido y atacar con el rival desordenado. Esa dinámica tuvo un doble efecto: por un lado, le quitó a Belgrano continuidad y claridad para generar situaciones; por otro, le abrió a Huracán múltiples escenarios para contragolpear.
Si defender en transición ya es una tarea compleja, el Pirata cometió demasiados errores que facilitaron el trabajo del rival. Hubo escasas vigilancias defensivas ante un equipo muy activo no solo para recuperar, sino también para construir la segunda jugada. Lentitud en el retroceso y una baja agresividad para disputar el balón fueron moneda corriente luego de perder la posesión.
En ese contexto, Huracán encontró espacios y tiempos para progresar y ser superior a un Belgrano que estuvo muy lejos de dar la talla.
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