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Foto: Prensa Belgrano
En su victoria ante Banfield, Belgrano volvió a mostrar una clara vocación por el control del juego desde la posesión. Frente al Taladro, el equipo manejó el balón con prolijidad y paciencia en largos pasajes, aunque por momentos le costó traducir esa acumulación de pases en profundidad y peligro real en el último tercio.
Durante gran parte del primer tiempo, con pocas gambetas y escasos intentos de romper líneas de manera vertical, el Pirata abusó del control y del pase lateral. La circulación fue prolija, pero previsible, y la falta de sorpresa redujo las opciones para atacar a una defensa bien plantada.
Igualmente, la B pudo generar chances. ¿Cómo lo hizo? Cuando en lugar de reiniciar el juego reiteradamente se animó a arriesgar buscando y explotando espacios libres, sobre todo a partir de desmarques de apoyo y ruptura, conducciones desde el fondo y pases verticales.
En el segundo tiempo llegó, finalmente, la ansiada apertura. No tanto desde un funcionamiento colectivo para penetrar el bloque de Banfield, sino a partir de una nueva y brillante aparición individual de Zelarayán, quien aportó lo que el equipo venía necesitando: engaño, desequilibrio y decisión en el último tercio del campo.
Video: las chances que creó Belgrano ante Banfield
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